Desde un principio supe que algo andaba
mal. No dejó de parpadear ni un sólo instante
- el mejor signo de tranquilidad -. Pero
en lo más profundo de mi entendimiento, estaba
casi seguro que, de un momento a otro, ella se debilitaría,
y comenzaría a fallar.
Las mentiras perfectas son exclusividad de los
más inteligentes. En un ataque de modestia, diría
que no soy digno de dicha exclusividad, y más teniendo
en cuenta que a la inteligencia se le debe
agregar una cuota de audacia y una pizca de frialdad
para hacer de la mentira un mundo imposible
de descubrir.
Un audaz, inteligente y gran mentiroso compartió,
una vez, el secreto de las grandes mentiras conmigo...
Si lo prefieren, una suerte de manual sintetizado
de cómo mentir. Y si mi memoria no me juega
una mala pasada, hete aquí su transcripción:



ALGORITMO DE LA MENTIRA PERFECTA


Una mentira, para no ser descubierta jamás, debe
planearse con gran antelación y sumo cuidado. El
hecho de planificarla, hace que el tiempo de aplicación
se extienda, ayudando a procesar la mentira,
a auto-creerla y a analizar sus posibles fallas...
como así también a ir llegando, poco a poco, a un
estado propicio de frialdad y predisposición a la
actuación.


1. Visualizar los posibles escenarios donde la
mentira será necesaria; los posibles diálogos que
se puedan generar, como así también quiénes serían
más propensos a ser nuestros interlocutores, y
de ellos, quiénes podrían debilitar la estructura de
la gran falacia.


2. Repetir mentalmente la historia. Visualizar la
historia, poniéndole escenario y personajes reales.
De esta manera, la inverosímil historia se irá grabando
en nuestro inconciente, tal como lo hacen los
recuerdos, para mezclarse poco a poco con ellos.
Si se logra convertir una mentira en un recuerdo,
nuestros ojos (que son los órganos que más nos
delatan al mentir) irán dirigidos hacia la posición
de los recuerdos visuales, y no hacia la de los pensamientos
inventados o creados en el momento; no
habremos de tituberar al hablar, y nuestras glándulas
sudoríparas no derramarán más sudor que
el necesario.


3. Sin desesperarse, tratar de no olvidar jamás
esa mentira. Un olvido hará que todo lo construido
con tan brillante maestría, se reduzca a cenizas...
y, en el peor de los casos, nos conduzca a un gran
problema irreparable. En caso de cometer un error
de ese tipo: no hay mejor forma de validar una gran
mentira que encerrándola dentro de una gran verdad.
Eso jamás falla...


Sé de personas capaces de seguir este algoritmo
al pie de la letra, y que han alcanzado sus metas
más preciadas con él... Yo me pregunto, ¿cuánto es
que puede soportar alguien una gran mentira en su
haber sin llegar a sentirse un miserable?


No voy a mentir: he mentido. No es algo de lo
que me enorgullezca, pero he mentido. Aunque en
gran parte de las experiencias no he soportado la
actuación, y he tenido que explotar con las verdades
sangrando entre mis manos. Definitivamente
no soy apto para las grandes mentiras (y, por el momento,
no tengo intenciones de serlo).


Pero admiro una gran mentira cuando la hallo...
Hay que reconocer que hay mentiras que ameritan
aplausos. Esas construidas sobre las más sólidas
bases del invento, aquellas imposibles de desenmascarar,
las que cierran siempre el círculo.


Y en cuanto a mis intentos por convertirme en un
gran mentiroso...




...si les digo, les miento...



Federico Basualdo
Gracias amigo por mover los engranajes de mi cerebro con tus textos.